lunes, 21 de noviembre de 2011

"Un mundo sin fin" de Ken Follet

“-Si seguimos dando la comida, moriremos de hambre-advirtió Mair.
-Ya lo se-respondió Caris-.Pero como ¿iba a negarme?
-No podremos cumplir nuestra misión si estamos muertas.
-Pero ante todo somos monjas,¿no es así?.-replicó Caris con aspereza-.Debemos ayudar
a los necesitados, y dejar que Dios decida cuándo ha llegado el momento de morir.
Mair quedo asombrada.
-Jamás te había oído hablar así.
-Mi padre odiaba a las personas que se dedican a sermonear a los demás sobre moralidad.
Solía decir que todos somos buenos cuando nos conviene y que eso no cuenta. Cuando deseas con todas tus fuerzas cometer una fechoría, cuando estás a punto de hacer fortuna con un negocio deshonesto, o de besar los tentadores labios de la esposa de tu vecino, o de contar una mentira que te sacará de un terrible embrollo...es entonces cuando necesitas conocer las normas. Decía que la integridad personal es como una espada: no debería blandirse hasta el momento de ponerla a prueba. Y eso que no era un entendido es espadas.
Mair permaneció en silencio durante un instante....”
Siguiendo la tendencia obsesiva que tenemos de comparar las primeras con las segundas partes… Me gusto ligeramente mas la primera parte. Sin embargo, “Un mundo sin fin” no tiene nada que envidiarla. Sigue siendo un gran libro muy recomendado.

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